Buenas,
esto es más por compartirlo que por excusarme de nuevo por no haber estado mucho por aquí ultimamente, pero en este momento me apetece contarlo si bien con anterioridad lo he evitado, en parte porque no me gusta hablar de temas privados, en parte porque lo sabía muy poca gente y ese número no debía aumentar.
Resumiendo que he vuelto bastante machacadito, que estoy con una anemia bastante fuerte que, aunque era anterior al viaje, se ha mezclado con consecuencias del mismo y el resultado fue/es una gran debilidad y unas primeras semanas bastante chungas en general.
Lo que sigue es un poco rollo, pero me he animado a ponerlo más que nada porque en Kalaw coincidí con unos españoles y a uno de ellos le pasaba lo mismo que a mí con la fatiga al subir escaleras y cuestas. Tal vez haya más anémicos de los que pensamos por ahí. Pero si no es por eso, se puede saltar la lectura.
Por cronología, yo había detectado que algo me pasaba a principios de verano. Podía caminar las horas que fuese e incluso ir en bici siempre que fuera terreno llano. Aparentemente me sentía "normal". Pero en el momento que cogía cualquier cuesta o incluso los dos pisos de escaleras de subir a mi casa me provocaban gran fatiga, dificultad para respirar y aceleración de latidos. Exactamente igual que cuando estás en altura (3.000-4.000 metros) y tienes que subir cuestas o escaleras.
Pero que como los meses de verano andaba tan liado con los preparativos del viaje y el exceso de trabajo (en la oficina), y como para la vida normal no parecía afectar, lo dejé para ir al médico cuando regresara.
La semana anterior a irme, me hizo reacción la vacuna de la encefalitis japonesa lo que supuso unos días de fiebres entre 38 y 39, sudores y fríos. Aparentemente las fuerzas no se resintieron demasiado ya que los primeros días hice pruebas de caminatas largas por Yangón, y no sentí más cansancio del habitual. Pero en esos días previos ya perdí cinco kilos.
Durante el viaje, se mantuvo la tónica de que en llano no había problemas, pero como todos los lugares sagrados budistas están en alto, me costaba lo mío en las cuestas y escaleras. El viaje por Myanmar es bastante duro cuando coges transporte público. Autobuses y camionetas en su gran mayoría no tienen amortiguadores. Los asientos son de chapa con un mínimo recubrimiento de espuma en el caso de los primeros y directamente una tabla estrecha en el de las camionetas. Por lo que junto con el estado de las carreteras, cada trayecto suele ser como si te metieran en una caja en la que contínuamente te dan golpes por debajo. Y la verdad es que eso me cansaba más a veces que cualquier excursión. Hay que tener en cuenta además mi problema de tamaño en vehículos pensados para gente pequeña.
Pero lo que más se significó dentro del viaje fue que un día por la mañana mientras esperaba un autobús me sentí muy débil y decidí cambiar el último tramo previsto en mi itinerario para terminar con buen sabor de boca dejándolo en excursiones fáciles y unos últimos días tranquilos en Yangón. De hecho, dos días después tuve que irme a un hotel "bueno" y dedicar ese día por completo a estar en la cama y levantarme para las comidas porque no me tenía en pie.
Pero no caí hasta bastantes días después de regresar y porque tenía problemas de dolores y tirones por las noches en las piernas, que el día en que me sentí débil era el siguiente al de
la excursión a ver elefantes, en la que
tuvimos que empujar el jeep cuesta arriba varias veces. Y que parece ser que mis piernas no lo resistieron muy bien. De hecho, al día siguiente en realidad mi debilidad era de piernas y desde aquel día primero en Myanmar y después en España he tenido los problemas mientras duermo en las piernas, y que se me duermen de vez en cuando, al igual que el brazo con el que empujaba el jeep.
Durante el viaje perdí diez kilos, que se mantiene en la normalidad pues suelen ser entre siete y diez los que pierdo normalmente, pero este año había que sumarlos a los cinco previos.
El caso es que el regreso sí que fue duro. Pasé hasta el fin de semana con jet lag. Es decir, durmiéndome por el día y despertándome por la noche. Cuando lo normal es que pase una o como mucho dos noches mal. El cambio de dieta y de comidas también duró más de lo normal y en general me sentía superdébil y fatal. Un día se me ocurrió darme una buena caminata y por la tarde no me tenía en pié.
Para que os hagáis una idea, tardé casi diez días en encender los ordenadores de casa, porque llegaba y me tenía que tumbar ya que no tenía fuerzas ni para estar sentado.
En las dos primeras semanas volví a perder otros tres kilos con lo que ya fueron 18 en menos de dos meses y la verdad es que hasta yo me preocupaba al verme en el espejo. Los pantalones que se te caen, camisas y jerseys que sobran por todas partes... En este momento creo que la anemia unida a la pérdida de tanto peso en unas semanas formaron el coctel explosivo que me tumbó al venir. Aunque no lo sabré definitivo hasta tener los resultados finales.
Pero en cuanto pude fui al médico y me mandaron al Carlos III a Medicina Tropical. Ya en urgencias me detectaron la anemia que por lo que se ve es una buena explicación para lo de la fatiga. Al fin y al cabo, tengo los glóbulos rojos y la hemoglobina por los suelos (no el hierro) con lo que no me extraña la similitud con cuando estás en altura y te falta oxígeno. Parece que ahora lo que me falta es quien lo transporte.
Así que la segunda parte era saber de dónde venía la anemia porque por lo que se ve puede haber múltiples causas y mientras no sepan la causa no me pueden poner tratamiento. Hubo una primera fase en la que además de eliminar posibles "cosas graves", me hicieron una analítica completa para ver si había más cosas mal y otra puramente "tropical" con todo lo que podía haber cogido por ahí. Afortunadamente, ni tengo nada grave ni tropical. Lo más sospechoso es un par de encimas algo elevadas en el hígado que podría ser la causa, pero en ello y en más cosas están investigando ahora y creo que hasta fin de mes seguiré sin diagnóstico y lo que es lo mismo, sin tratamiento. En realidad lo peor es eso, que al no haber tratamiento, sigo débil y con algunos "efectos colaterales". Hasta la última semana antes de navidades la verdad es que no me tenía en pie. Bueno, podía ir a currar y como estaba sentado, más o menos aguantaba, pero llegaba a casa y ya había agotado mi ración de fuerzas del día por lo que no había quien me sacase del sofá o la cama. Luego ya empecé a sentirme mejor y creo que las vacaciones me han sentado bien. Ahora todavía me noto cansado al final del día, pero me da para estar en el ordenata unos ratos y sobre todo, ya se me pasó la sensación de "mala gana" de las primeras semanas.
Estoy a la espera de resultados de la segunda analítica el día 15, ecografía del hígado el 19 y resultados de ésta hacia final de mes. Y espero que entonces ya me pongan tratamiento.
Bueno, espero no haber sido demasiado rollo y que por lo menos pueda servir de referencia.
Saludos,
Colegota